Hacia el puto limbo

¿Que hora sería cuando abrí los ojos y noté la proximidad de alguien o algo? ¿Una hora impar, quizás?
Percibía la habitación blanda y pegajosa. Estiré las piernas, parpadeé y enfoqué lentamente la mirada sobre un objeto familiar. Era una de mis hijas, la pequeña creo, a medio metro de la cama, observando mi rostro. Transcurrió un largo instante de contemplación mutua. Tuve la sensación de que quería enseñarme algo.
La seguí hasta la ventana que daba al descampado de atrás. De pie, descalzo, medio en pelotas y con la mejilla pringada de babas, esperando a que sucediera algo. Tras varios escalofríos me di cuenta que la enana se había largado.
¿Estaría amaneciendo ya? ¿Eran cuervos eso que oía?
Observé a alguien en el sofá abandonado del descampado. Un tipo flaco, traje negro, con las piernas cruzadas cómodamente en aquel viejo trasto. Una figura siniestramente inmóvil y formal.
¿Quien era? ¿Qué coño estaba ocurriendo?
Mi cabeza no podía procesar esa visita. La cuestión es que aquel tipo me resultaba ligeramente familiar.
Tuve la duda de si realmente estaba despierto o de si iba puesto, pero el malestar del "necesitounputopiko" subrayaba mi lucidez.

¡Al fin lo entendí! Había llegado mi hora. Estaba claro. Era la mismísima Muerte.

Se acercaría y me soltaría alguna frase irónica y elegante con la que anunciaría mi fin.
¿Qué se supone que se debe hacer si viene a buscarte la muerte? ¿Podía huir? ¿Quería huir?
Carecía de voluntad y de la fuerza física necesaria para acudir al encuentro. Las piernas me temblaban de tal manera que las rodillas me castañeteaban. Notaba que mi palidez iba en aumento. Me sentía paralizado de miedo, frío y acalorado, seco y sudoroso, como si a la vez fuera yo mismo y otra persona.
Fui a la nevera a por una lata de cerveza y la aliñé con un par de tiros de speed. ¡Qué coño! Si tenia que bajar al infierno al menos ir un poco entonao.

De repronto me acechó una duda: ¿Y si no viene a por mi?
La maldita furcia, que seguía durmiendo en algún rincón, estaba tan putrefacta como yo, si no más... ¿Y si había venido a por ella?
O quizá se trataba de la muerte prematura de alguna de mis criaturas.
Las nuevas dudas se me indigestaron. Por alguna razón había asumido que era yo el que se despedía y cualquier otra opción resultaba inaceptable. ¿Sería la Muerte flexible? Al fin y al cabo se llevaria un alma, ¿daría lo mismo de quien fuera?
Tomé una decisión. Saldría a negociar con la Muerte. Antes pero, tenía que despedirme de mi familia.
Un beso en la frente y un consejo en forma de susurro a cada uno de mis hijos. A la maldita furcia le dejé un chute de Buenos días cerca de la moqueta en la que descansaba. Le toqué un poco las tetas a ver si reaccionaba y podía llevarme un polvo de recuerdo, pero soltó un gruñido sin tan siquiera despertarse. Insistí un poco más hasta que me metió un bocao en la mano, no sabía como tomarme eso. Acabé desistiendo.

Volví frente a la ventana con la esperanza de encontrar aquel viejo sofá vacío, pero allí estaba, implacable, con la mirada fija al más allá, sin ninguna prisa.
El corazón me palpitaba con tanta fuerza que hacía que me doliera todo el cuerpo. Inspiraba ansiedad y expiraba temor. La decisión ya estaba tomada. Vivimos y nos morimos y todo lo demás es una ilusión. Así es en gran medida como pasamos la vida. Viendo la televisión. Fumando porquería. Automedicándonos. Desviando nuestra propia atención. Cascándonosla. Negando la realidad.
Me armé de valor, un par de tiritos más y me encendí un cigarrito. Me dirigí hacia la puerta, tardé un par de minutas en hacer girar el pomo y finalmente salí en lo que sería mi ultimo encuentro.
Al cerrar la puerta el hombre trajeado me miró, sonrió y asintió pacientemente esperando mi llegada.

- Hombre Jokin, tenía ganas de verte. -

- Ho... Hola... ¿Como va eso? - ¿Que mierda de pregunta era esa? Como si no hubiera enigmas ancestrales que la Muerte pudiera resolver. -

- Pues ya ves... Hoy aquí, mañana allí, como siempre. -

- Pues... Pues... Que sepas... ¡Que hoy voy a ser yo quien se venga contigo! - Ahí estaba yo, de pie frente al sofá, con mis exigencias encasquillándose en mi garganta.

- Claro joder, no habré venido de tan lejos para irme sin ti. -

En aquel momento experimenté sensaciones contradictorias. Sentía alivio al saber que mi familia estaba a salvo, pero la angustia me carcomía al pensar lo que me deparaban los próximos minutos.

- ¿Y como lo vamos a hacer? ¿Tengo algún tipo de elección? -

- Pues nosé Jokin, yo había pensado en ir con mi coche. - Señaló con la cabeza una lata grande que había aparcado en la acera, muy antiguo, de un color negro mate, pero hecho una puta basura. Pensaba que la Muerte podría permitirse algo mejor, un todo terreno de esos grandes o algo así... A saber, quizá iba a a buscar a cada uno con el coche que se merece. - Nos dirigiremos al Este, ahí te espera el puto limbo. - Terminó la frase con una sonrisa maliciosa.

- Así que el puto limbo, ¿eh? ¿Y cuanto tiempo me puedo quedar ahí?- El tipo cada vez me caía mejor. Quizá lográbamos ser colegas. Podría acompañarlo en sus viajes de negocios, la Muerte y el puto yonki viajan por el mundo. Daba para una serie de televisión.

- El tiempo que necesites, - Dijo levantándose en dirección al coche - por mi no hay problema. En realidad hubiera querido venir antes a buscarte, pero entre una cosa y otra no he podido. Desde la muerte de mi hermano he tenido bastante lío. - ¿La muerte de su hermano? ¿Qué coño significaba aquello? ¿Acaso era algún tipo de metáfora?
De golpe el complejo puzzle perfectamente encajado se hizo trizas y se volvió a montar con una simplicidad desconcertante. Aquel tipo no era la Muerte, era el jodido Bambino, hermanito del Culebras, mi difunto camello.

Tras unos momentos de perplejidad, aún digiriendo la nueva percepción, me subí al coche, me encendí el primer cigarro de mi reconquistada vida y emprendimos el viaje hacia el alijo del este.

Pestañeo


(música de fondo)


Abro los ojos, huele a bilis y claustrofobia. El estomago retoma sus espasmódicos impulsos, el esófago transporta líquidos corrosivos, las fosas nasales expulsan esos desechos y la boca sigue cerrada manteniendo a salvo alguna píldora narcótica, mientras sigo abrazado a mi fiel compañera la taza de algún cagadero público.

Abro los ojos, huele a sudor y pasividad. Alguien está encima de mi, me tiene bien agarrado, no intento defenderme. Me está chillando en la cara, reconozco esa voz, es la maldita furcia follándome sin-con-pasión. Me dejo llevar.

Abro los ojos, huelo a cerillas y excitación. La cuchara empieza a burbujear, el embolo se retrae, la aguja me penetra, el brazo bombea y el presente se desvanece.

Abro los ojos, huele a misticismo y decadencia. Estoy rodeado de gente trajeada y esto parece ser una iglesia, podría ser una boda, la caja de pino sobre el altar me lo confirma, el Sr. Inocente se une con la muerte.

Abro los ojos, huele a polvo y mediocridad. A lo lejos parece estar el mundo, o la realidad, o como quieras llamarlo. Pero prefiero seguir aquí, absorbido por la pordiosera moqueta roja.

Cierro los ojos.

Herøin Tour I


(música de fondo)



Y así estamos.

Mientras yo mezclo ración doble de odio con actitud maliciosa en una cucharilla, la maldita furcia quema 3 o 4 cerillas bajo ésta hasta que empieza a burbujear.

Cojo la jeringa que parece estar más limpia de las que hay por la moqueta y absorbo poco a poco la mala ostia acumulada, varios molotov, y, porqué no decirlo, la emoción de volver a las calles.
La maldita furcia ya está preparando el brazo, con la goma bien prieta saca a relucir una de sus mejores venas.
Después de una buena lamida, penetro la aguja y succiono una pizca de sangre repleta de allanamientos, estafas y hurtos con intimidación.

El cerebro empieza a segregar endorfinas a sabiendas de lo que le espera.

Desplazo lentamente el émbolo hacia abajo observando como la vena bombea para absorber la ola de incendios, robos y destrozos a gran escala.
La maldita yonka está con los ojos en blanco, cayéndose hacia atrás, con un hilo de saliva huyendo por la comisura de los labios y diciendo nosequé cerdadas...
Le saco la aguja y me la clavo con tanta ansia que espero haber acertado en algún conducto. Acabo de inyectarme la mitad sobrante y dejo que la distopía me invada.

Sin acceso al caos verdadero nunca lograremos la verdadera liberación.

Se abre el telón.


(música de fondo)



Hay demasiado movimiento para encontrarme en casa.

Abro los ojos y me veo en una especie de jardín, tirado bajo un árbol.
La gente va de aquí para allá, hay chavales haciendo fotos por doquier, individuos recitando haikus y sacándose conejos de la chistera. Esto no tiene sentido alguno.
Me giro y veo un gran edificio a lo lejos: Estoy en una universidad... ¡Yo!

¿Qué mierdas está pasando?

Hago un esfuerzo para recapitular lo sucedido y averiguar como he llegado hasta aquí, pero me despisto al ver a alguien que se acerca directo a mi. ¿Debería huir?

- Putonecio, ya era hora!

Es la maldita furcia. Me alivia ver a alguien conocido...aunque está muy deteriorada y ha engordado bastante. ¿Se habrá desintoxicado? ¿Cuanto tiempo llevo sin ver a nadie?

Estoy descolocado, en ambos sentidos.

Me calienta la cabeza con que donde coño me había metido, que había preguntado por el polígano y nadie sabía de mi, bla, bla bla...
Pero como ha sacado medio moco de speed y se ha invitado a unos tiros, la conversación es hasta agradable.

Me doy cuenta que voy como una moto, en ambos sentidos.

Nos metemos en el primer retrete que encontramos y echamos un polvo guarro, sudor y carne. El speed ha contrarrestado el tiempo que llevaba sin meterla y ha resultado ser increíble.
Mientras se prepara un chino me suelta:

- Estoy embarazada, tío...

- ¿Amos no me jodas! Vale que no ha estado mal, pero de ahí a que te haya preñao...- Ésta tía cada vez carbura menos...

- No imbécil... Estoy de tres meses, y será niña.

Joder... otra sanguijuela más en la familia, y ya serán cuatro, y todos concebidos y expulsados de sus entrañas. Y es que si hay algo de admirable en todo esto es la lealtad, porque el mundo está lleno de zorras a las que tirarte, pero yo elegí a la mejor zorra y eso no hay quien me lo discuta.

- ¿Te hacen unas birras?

- La duda ofende...

Y sorpresa la mía al entrar en el bar y ver a un montón de viejas glorias de aquellos tiempos en que estábamos organizados, y ahora ya ves... Que si me he casado, que si he dejado la mala vida, que si ahora soy juez o político o yoquesé...
Y recordamos viejos tiempos y empiezan a correr las papelas, chinos y bazucos, y en el punto álgido, entre el puesto que llevo y el subidón del reencuentro, anuncio mi vuelta a las calles, el regreso a la vida criminal, el renacimiento.
Y me dicen que si, que me baje de la mesa que aún voy a romper algo y siguen a lo suyo.

Pero ésta vez sí.
Necesito llegar de madrugada apestando a gasolina, humo y victoria. Entrar en cualquier casa ajena, servirme de su mueblebar y largarme dejando alguna que otra huella. Moverme con cautela, esconderme bajo mi sombra y pasar desapercibido mientras las afligidas victimas lloriquean por su reciente pérdida, sintiéndose desnudas sin una de sus múltiples mascaras, viendo un trocito más de su sucia cara, saboreando la amarga crudeza de la realidad, viviendo la autentica liberación.

Necesito ese chute de adrenalina.
¿Chute? Joder... Necesito algo de caballo para centrarme.

Puagh!


(música de fondo)




No me apetece volver a empezar.
Ya sabes lo que te voy a contar.
No hay nada nuevo de que hablar.
¿No hay mejor sitio donde estar?
Vacía el mueblebar.
Llévate a ti mismo a cenar.
Masturbate hasta sangrar.
Jode a alguien en cualquier otro lugar.
No desperdicies aquí tu tiempo, lo vas a lamentar.
No crees expectativas, hoy toca fracasar.

y quedó en tablas...


(música de fondo)



El Odio opina que hay que atacar rápido, donde más duela. La Desidia defiende que es mejor dejar pasar un tiempo. El Odio dice que no hay que dejarse acobardar, hay que sorprenderlos y este es el mejor momento. La Desidia, que eso es lo que esperan, que la mejor sorpresa es la incertidumbre y luego, cuando no tengan el ojo encima nuestro, ya veremos. El Odio insiste en que hay que romper, quemar, destruir. La Desidia sostiene que atacar seria seguirles el juego, y si hay algo que les va a joder, es no hacerlo. El Odio declara que cuanto antes empiece la guerra mayor será la agonía del enemigo.

Y de repente el Odio y la Desidia callan cabizbajos al ver la heroica entrada del Deleite a lomos del caballo blanco.

Primera lección

El sonido de las rejas abriéndose rompe el silencio.
Dos guardas traen a un joven pálido y con la mirada baja, lo desesposan, lo empujan dentro y vuelven a cerrar.
El chaval está ahí de pie inmóvil, con el juego de sábanas en las manos y la mirada fija en los pies.

Pasan los minutos.

De la litera de arriba sale una voz.

- Y bien?

- Cómo dice?

- Que qué haces aquí?

- Me han detenido, señor.

- No jodas...Que por qué?

- Ahh... bueno.. necesitaba algo de dinero e intenté atracar un banco.

- Cuántos erais?

- Yo solo, señor.

- Madre mía... Y qué armas llevabas?

- Una replica Desert Eagle de metal idéntica a una de verdad y un molotov.

- Para qué coño llevas un molotov?

- Para impresionar, supongo.. nunca se sabe...

- Y qué fue lo que pasó?

- Al principio fue bien, no había apenas gente y el de la ventanilla cooperaba, era un poco lento pero pensé que era por la pistola, pero cuando me quise dar cuenta había una brigada de agentes especiales apuntándome con armas de verdad, me puse nervioso y les lancé el molotov, entonces me dispararon en el hombro y en una pierna y se acabó la función.

- Al menos tienes huevos

- No tenía mucho que perder...

- Y has aprendido con todo esto?

- Bueno... el juez me dijo que si vuelvo a necesitar dinero que pida un préstamo, es más fácil y menos arriesgado. También me dijo que esta cárcel tiene un buen programa de rehabilitación, así que estudiaré y, quién sabe, quizá pueda llegar a abogado.

- Pero tu quieres ser delincuente?

- No señor.

- Pues no te hagas abogado, ni juez, ni político, ni banquero... Ellos hacen las reglas pero no tienen moral. Obligan a cumplir la ley pero se la saltan cuando quieren. Son los carroñeros de la sociedad. Ellos son la eskoria.
Aquí dentro podrás ver como funciona el mundo, esto no es más que un reflejo a pequeña escala donde todo está más claro.
Ademas podrás aprender mucho.
Cuando pisé por primera vez una prisión entré con un diploma en robar bolsos a las viejas y salí con un doctorado en crear el caos. Ésta es la mejor escuela que te va a dar la vida. Aprovéchalo.

- Me lo pensaré...

- Acaso te crees que tienes alguna otra opción?

- Mhhh...entonces... cuál es la primera lección?

- La supervivencia.
Déjate ver en el patio con una jeringa colgando del brazo, los demás presos pensaran que eres un yonki sidoso y tu culo estará intacto.

- Gracias, señor.

- Cómo te llamas chaval?

- Mi nombre es Jokin.

- Bien... a mi puedes llamarme señor.

Última cena


(música de fondo)



Esa tarde decidimos ir a por ella.
La maldita furcia y yo llevábamos demasiado tiempo fundidos en el sofá, algo de acción era lo que necesitábamos.

Carolain era una jodida cleptómana de mucho cuidado, una buena tipa, sin duda. Últimamente andaba por el borde del precipicio y tenía decidido saltarlo. Ahora estaba recuperándose de una ingesta masiva de analgésicos y no tardaría en volver a hacerlo.
Teníamos poco tiempo.
No costó sacarla de aquel hospital mugriento, la maldita furcia llevaba un par de jeringas sidosas a modo de machete para apartar al personal medico y a los seguratas.
No podíamos permitir que Carolain pasara sus ultimas horas en un sitio como ese.
Pronto estuvimos en la calle.
Nuestro terreno.

El plan era sencillo: Quemar la noche.

Empezamos tomando unos cartones de vino que se acabaron convirtiendo en aguardientes. Les robamos a unos chavales unos sprays y fuimos a decorar la comisaria.
Luego entramos en casa del Sr. Juez para bebernos una botellita de whisky escocés que tenía en el mueblebar y, en la mesita de cristal del comedor, nos hicimos unos tiritos. Acabamos sacandole los muebles al jardín y nos dimos un chapuzón en su piscina, el agua estaba deliciosa.

Anduvimos calle abajo entre risas, anécdotas y buenos humos.

Finalmente llegamos a casa del comisario, visita obligada...
Tenía unos habanos que nevaditos quedaron riquísimos. También fue casualidad que una de esas colillas mal apagadas cayera tan cerca de las cortinas y se incendiara el salón, aunque hay que reconocer que las dos latas de gasolinas esparcidas previamente ayudaron a la combustión...

Y no te lo pierdas... la pequeña Carolain cantando "Come on baby, light my fire" , la furcia y yo bailando pasadísimos y de fondo los bomberos apagando el fuego...
¡Qué gran momento!

Y bueno... por aquellas horas la policía ya iba tras nuestro así que tuvimos que huir como ratas que somos y nos metimos en un antro piojoso a tomar la ultima. Nos pusimos trascendentales, que si la vida, la muerte. bla bla bla... Aquel rato podía haber durado una eternidad, pero no fue así y cada uno tuvo que marcharse para su madriguera.

Caminos distintos, destinos asimétricos, realidades convergentes.

Y es que nosotros dedicamos nuestras vidas a delinquir, a robar, a allanar, a difundir el caos. Sin horarios, ni normas, ni uniformes de traje y corbata.
Sin más preocupaciones que pensar a quien joder la próxima vez.
Nos asquea vuestra hipocresía, nos aburren vuestros días, pero nos encanta vuestro borreguerismo.
Siempre pisando al de abajo para lamerle el culo al de arriba, que previsibles sois.

Y ahora conecta la alarma de tu chalet, apaga la luz de tu mesilla y duerme. Duerme tranquilo.
Protegido.
Siempre quedará el vecino de turno que llama para decir que alguien entró a la fuerza en tu apartamento.

Visita (in)esperada


(música de fondo)



Ahí está Jokin, tirado plácidamente, protegido por su limbo. Aún no está al alcance pero pronto podré llegar.
Tengo que ser cauteloso, ir de puntillas, sin alarmarle.

Me acerco cuidadosamente, manteniendo las distancias, pero está tan absorto que no se percata de mi presencia.

Lo tengo cerca, pronto será mio.

Estoy a un palmo de él, noto se respiración entrecortada, no debo precipitarme...

Empieza a enroscarse cuando le soplo los pies, poco a poco voy recorriendo su sudoroso cuerpo, me entretengo en el torso soplando suavemente zigzagueando hasta llegar al cráneo donde intercalo un soplido con un húmedo vaho de mi aliento. Por su frente bajan heladas gotas de sudor.

Lo hundo despacito en la alfombra.
Ya es mío.
Y el pobre infeliz no percibe nada.

Delicadamente inmovilizo sus brazos y sus piernas, así será todo más entretenido...
Ya ha llegado la hora de que sepa que estoy aquí.

Comienzo punzándole en la nuca pequeños alfileres, parece que el muy bastardo despierta de su heroico letargo.
Mirando sus desesperados ojos meto la mano por la garganta hasta llegar a su estómago golpeándolo una y otra vez, enredando sus intestinos y oprimiendo riñones, hígado y demás entrañas hasta que un montón de jugos gástricos salen expulsados por boca y nariz acompañados de intensos espasmos.

Ahora ya sabe que estoy aquí.

Le sacudo bruscamente para que sea consciente de todo el proceso. Incrusto clavos por toda la cabeza, cristalizo su sangre mientras agarro el corazón y lo hago bombear frenéticamente...


Estimado lector, tu decides:


- Si deseas que Jokin salga ileso de ésta aventura manda un SMS al 31416 con la palabra JOKIN

- Si por el contrario quieres que el síndrome de abstinencia acabe con él manda un SMS al 31416 con la palabra MONO

FINAL: JOKIN

En su cara se esboza una sonrisa, eso me confunde, debería estar agonizando... quizá sea un truco para desviar mi atención, nosé.. reviso que todo esté en su sitio y veo que el muy cabrón ha conseguido sacar un par de valiums del bolsillo y se dispone a tragárselos. Forcejeamos un instante pero su deseo por conseguirlo me debilita y logra engullirlos.
Me queda poco rato antes de que hagan efecto los barbitúricos y aprovecho para que sean unos minutos dolorosos pero él luce una sonrisa de oreja a oreja.
Ya no hay nada que hacer, me voy desvaneciendo al mismo tiempo que sale de una de sus peores pesadillas.
Ésta vez he fracasado, pero tendré otra oportunidad.
Pronto, muy pronto.

FINAL: MONO

Su llanto aterrorizado pide socorro, como si alguien pudiera sacarle de ésta agonía.
Con las rodillas hundidas sobre el pecho hurgo en su interior buscando aquello que tanto anhelo, le voy arreando algún manotazo para que no quede inconsciente.
Al fin la encuentro, tengo su alma en mis manos. Su miedo me complace. La acaricio, la huelo, la lamo viciosamente... Su angustia me excita.
Se la extirpo violentamente desgarrando todo punto de unión con el cuerpo. Ahora ya solo es un pedazo de carne afligida y su esencia me pertenece, tan pura, tan impoluta, tan virginal...

Proyecto Jombre 2.0

-Buenos días... Mi nombre es Jokín y soy politoxicómano.
Quizá me recuerden de otras apariciones como: "Fingí querer desintoxicarme pero solo ansiaba gelatinas de metadona" o "Pasaba por aquí y entré a mendigar unas monedas" pero ésta vez va en serio, lo tengo decidido.
Me voy a quitar.
Y con vuestro apoyo conseguiré distinguirme de la lacra social a la que ahora pertenezco. Renaceré, dejando atrás la sanguijuela que soy, para convertirme en un individuo con valores y constructivo para ésta nuestra sociedad. Y no será fácil, y tendré tentaciones, pero vuestra presencia me dará las fuerzas para conseguirlo. Y por eso, desde ya, os lo agradezco eternamente y de todo corazón.

-Se..Señor.. ...esto es una guardería...

-Oh... mierda... bueno... y... esto... no tendréis por ahí... un poquito de... ya sabes, no?... no? nada? en serio? ...mmhhh... Pues vaya mierda de juventud! Así va el país! Esto es indignante!

De paseo


(música de fondo)



Me dirijo al bulevar del polígano en busca de alguna farmacia de guardia.
Nada más entrar me encuentro con la prestigiosa subasta de los pordioseros, vienen comerciantes de todos los poblados a vender objetos de altísima calidad, todos robados de primera mano, eso garantizado.

Enseguida veo que la tienda del tío Ricky está chapada. "Cerrado por defunción" pone el cartelito de la puerta... Joder! lo echaremos de menos, tenía los mejores materiales inflamables de toda la ciudad y los sábados por la noche impartía clases de cómo fabricar Napal. Que gran pérdida.

Al otro lado de la calle veo una escena que me conmueve, madres e hijas compartiendo una tradición. La experiencia de unas junto a la inocencia de las otras formando una simbiosis perfecta. ¡Qué espectáculo!
Y es que las furcias siempre consiguen arrancarme una lagrimilla...

Alrededor de los containers se amontona mucha gente, corren los billetes, los puñetazos y el alcohol. El olor a sangre y sudor es más fuerte que el que desprenden los mismos contenedores.
Pelea de mendigos, un clásico!
Apuesto un par de combates sin ganar nada y sigo con mi ronda.

El confesionario del Reverendo está cerrado, debe estar de pesca... o instruyendo a algún menor.

En el banco central de la plaza, hay un gran tipo de interés sentado. El Perico ofreciendo sus servicios de mercenario callejero con unos descuentos tentadores, pero hoy no tengo ganas de fiesta así que nos contamos las últimas batallitas entre litronas y desaparezco antes de que empiece a explicar (una vez más) como lo expulsaron injustamente del ejercito.

A lo lejos me parece ver la luz encendida de la farmacia y según me aproximo distingo la fogata rodeada de colchones piojosos y restos de sofá plagados de chinches.
Parece que hay un poco de cola así que cojo tanda y me siento a esperar impacientemente.
Le echo un ojo al nuevo farmacéutico, es un chaval joven, recién salido de la facultad, aunque parece manejar bien el negocio. Tengo la esperanza que le subministren los mismos laboratorios porque no tengo ganas de inyectarme genéricos de mierda.

Llega mi turno, le enseño la receta de mi brazo y me sirve sin decepcionarme.

Está anocheciendo y vuelvo a casa con un buen puesto. El cielo es naranja y el polígano sigue funcionando a mis espaldas.
Pronto volveré.

Cómo conocí a...

... el Reverendo banquero:
Delante de un vaso lleno y una botella vacía empecé a escuchar sus planes, parecian imposibles... pero ahora veo que son perfectos.
Por aquellas épocas aún no era banquero y, en realidad, nunca ha terminado el seminario, pero deja que los niños se acerquen a él y les enseña lo que es pecar.



... la chica de los analgésicos caducados:
Ella era jovencita, ruda y antisocial, eso me gustaba.
Me estuvo contando que los animales también tenían alma. Era posible, no lo dudaba, la pregunta era si la teníamos nosotros.
Pasamos días sin dormir con los ojos como búhos, eso me gustaba



...la jueza buscona:
Altas esferas de la sociedad
mezcladas con despojos como yo

Vino buscando romances
y tuve que decirle que no

Antes solía llamarme
pero la cosa se acabó



... la mujer sociópata:
Eramos muy jóvenes los dos, coincidimos en la fiesta de algún amigo en común, ella iba vestida de gala y yo con mi disfraz de hombre normal. La noche terminó con mucho alcohol y humo, en la comisaría, incendiándola.



... el señor innocente:
Llamas, barrotes, humos varios, entropía, allanamientos, paquetes de cerveza, Bill Callahan, pisos francos, valoraciones irracionales, viendo los sonidos, oyendo los colores, saboreando la mediocridad...
Después de cada coma me lo sigo encontrando.



... la maldita furcia:
Estaba tirado en algún descampado a las afueras de cualquier ciudad, ella me recogió, me acogió, me drogó y me folló.
Era la más puta de las yonkis y la más yonki de las putas... y lo sigue siendo, afortunadamente.

Plato combinado

Una mañana, frente al espejo, mirando a los ojos al tipo ese que se supone que eres tú, te das cuenta que has sido engullido por la ameba de la cotidianidad, que formas parte de esa gran masa de mierda que se autoproclama "gente normal".

Tu vida recorre la misma triste rutina día tras día. Pasas más horas haciendo algo que odias que pensando en lo que te gustaría hacer.

Desfogas tu ineptitud odiando al resto de la gente, encerrándote en un circulo cada vez más pequeño.

El menú del día anuncia falsedad e hipocresía.

Decides romper con eso, cambiar tus hábitos, aficiones, tus relaciones...
Al principio compras ropa nueva, compras música nueva, compras amistades nuevas, compras drogas nuevas...
Luego robas. Hay más riesgo, más emoción, más morbo... y sale gratis.
Al final acabas acudiendo a las terapias para adictos al sexo para follarte a sus miembros, te presentas a concursos de belleza para hamsters y te unes a las hermanitas de la caridad de Santa Ana.

Y lo único que consigues es asumir una nueva rutina... una y otra vez.

El menú del día anuncia frustración y decepción.

Y un día, frente al mismo espejo, mirando a ese mismo tipo demacrado por las agujas del reloj, veo en sus ojos un jodido destello.
Nada está en harmonia. La gente sólo abraza a ciegas lo que le se le pone delante: helados de mango, consumismo, pasear bajo la luna, comida natural, sexo en grupo, Nietzsche, Superman, Jesucristo, jerséis con capucha, escribir basura, yoga, ir al psicoanalista, biciclismo, nudismo, budismo, ángeles y demonios, bufandas para perros, sexo tántrico, el suicidio, las rimas chungas, la bebida, el juego, las drogas y las armas de fuego, adelgazar, el hipnotismo, las psicodelia, una tele grande que te cagas, y de repente todo ello se desvanece y se pierde.
La gente tiene que encontrar cosas que hacer mientras espera la muerte. Supongo que está bien poder elegir.
Yo ya hice mi elección.

El menú del día anuncia claridad y salvación.

...y me como ración doble.

añoro...


(música de fondo)


... en ninguna parte despertar
... esas palizas en el callejón de atrás
... delante de 2 copas mediollenas y la botella mediovacia, los planes para hacer alguna maldad
... el pikito de buenas noches que me solías preparar
... tener a alguien a quien odiar
... a la chica de los analgésicos caducados de reojo mirar
... oler a humo, sudor y gasolina después de ganar
... noches de pupilas dilatadas, resacas de mandíbulas desencajadas y vuelta a empezar
... distinguir la mediocridad de vuestros días sin mirar atrás
... antes que mi sombra siempre llegar
... pegar algún ladrido en la puerta de algún bar
... en el desguace del raciocinio hurgar por hurgar
... encabronarme con furcias y bastardos al azar
... las horas muertas fundido en el sofá
... perderme en el abismo entre el tic y el tac
... a ti
... a mi
... follando en cualquier portal

Natural Born Loser


(música de fondo)


Redención no es la palabra exacta pero es la primera que me viene a la cabeza.

Después de todo ya no hay nada nuevo. Siempre se repite la misma historia... una y otra vez.
El sol aparece y desaparece cegándome como al principio.

Combato a regañadientes con cada nueva máscara frente al espejo, desconociéndome en cada surco de mi reflejo.

Observo en 3a persona la particular lucha de la Señorita Conciencia y Don Ego. Los padres que nunca tuve vuelven a causar traumas familiares.

Últimamente me estoy aficionando al fracaso: rudo, puro, bruto...
Es la manera de transgredir las inexistentes expectativas, de superar la desintoxicación de raciocinio, de alumbrar el fondo sin pozo de apatía por el que asciendo.

Es como una gran autocomidadepolla en la que ni siento ni padezco.

Hay quien necesita triunfar para sentirse vivo, para diferenciarse del resto de monos, para reafirmar su existencia.
Yo soy un perdedor nato, así me distingo de los triunfadores, os observo por de debajo del hombro y escupo a contraviento.

A veces me aburro hasta a mi mismo...

Sr. Juez:

Hoy ha sido un día de mierda.
Algunas veces había tanteado la opción del suicido pero nunca lo hice.

Seguramente crea que las deudas, el cargo de conciencia, un mal viaje o alguna mierda similar haya tenido algo que ver, pero se equivoca.
Insisto en que el suicidio nunca me convenció.
De todos modos ahora ya da igual, yo estoy muerto y probablemente mi cuerpo haya sido devorado por las ratas.
Obviamente si le escribo una carta es para decirle algo, esté atento.

Exijo que el dinero que tengo en el banco le sea facilitado a mi querida esposa.
La única persona que tiene acceso a dicha cuenta es un yonki buscado por la policía por varios robos, mi esposa les conducirá a él.
Lo ultimo que pido es que le dejen leer la carta al yonkimierda
Adiós, para siempre


-el Culebras-

D.E.P.


(música de fondo)


Trágica noticia.
El Culebras ha muerto. Ahorcado.
Me he quedado sin camello.

Hace un par de días unos picotas sedientos echaron su puerta abajo y allí se lo encontraron, le vaciaron los bolsillos, llamaron a una ambulancia y se largaron.

Hoy lo enterramos.

Estamos en el poligano, rodeados de escombros; presidiendo la ceremonia entre bidones encendidos y mirando hacia nosotros está el Reverendo, que ha hecho un descanso en sus vacaciones de pesca para la ocasión.
En frente, tumbado en una mesa, nuestro preciado Culebras, con no mucho peor aspecto del que tenía en vida.

A continuación la muchedumbre en la que me veo envuelto, dividida casi geometricamente por tipo de consumo...
Las jovencitas anfetaminicas en primera linea, seguidas de los ejecutivos farloperos y los punkis espitosos. En la siguiente fila los fumetas junto a las marujas antidepresivas y las viejas glorias heroinómanas.
Triposos, crakeros, comesetas, opiosos, ketaminicos, peyoteros, politoxicómanos... y hasta la chica de los analgésicos caducados...

Si te fijas bien puedes ver a familias enteras esparcidas por los subconjuntos.

Iniciada la ceremonia, el Reverendo emplea sus dotes lingüísticos y cada uno de nosotros le dedicamos nuestro mejor consumo al difunto.
Empiezan a circular papeles, espejitos, rulos, papelas, cucharillas y mecheros.

Y que se queme en el bolsillo al que guarde algo escondido

Pasan las horas y la gente se desvanece.
Los veteranos seguimos en pie y manteniendo cierta lucidez.
Somos menos de diez y nos miramos incómodamente esperando quedarnos a solas con el fiambre.
Todos hemos venido a lo mismo.
Yo ya no puedo esperar más, así que me alzo acaparando toda la atención y sembrando el nerviosismo entre los presentes.
Saco la navaja y avanzo hasta el cuerpo, lo abro en canal y anuncio -¡Los riñones y los pulmones son míos!-

Los demás se avalanchan, como hienas cocainómanas, despedazando los restos de nuestro querido Culebras.

Sus órganos llevan acumulando deliciosos residuos desde vete tú a saber cuando...

De la carroña venimos y en carroña nos convertimos.

y cada día me gusta un poco más...

Yo tampoco sé qué más decir.
Cada día que pasa me resulta más hostil.
Nada de lo que pasa a mi alrededor me sorprende, ni me emociona.

Dejo arrastrarme por la mediocridad del tiempo y me voy erosionando como una puta piedra de río.

Me gustaría odiar mi vida, o la tuya... pero ni eso, he olvidado sentir.

Intento justificarme responsabilizando a las drogas de tal sensación, bueno... de tal ausencia de sensación, pero en realidad fue por eso que empecé con ellas, para sentir algo.. y fracasé, una vez más.

Y aquí me tienes, sin objetivos, sin motivaciones, sin nada que ganar ni que perder

...

Uy! espera...
Noto algo en el estomago... no son mariposas revoloteando pero casi... estoy sintiendo? será amor?

ohh... no... mierda...

Me he vuelto a cagar.